miércoles, 9 de noviembre de 2016

EL TRIUNFO ELECTORAL DE DONALD TRUMP Por Martín Díaz

EL TRIUNFO ELECTORAL DE DONALD TRUMP
Por Martín Díaz

El mundo globalizado, interdependiente, y “razonable” del que habla Mauricio Macri no es tal. Es un mundo donde crecen los factores de disputa entre las potencias a expensas de países como el nuestro. Es un sueño más que irrealizable esperar de ese mundo el apoyo para nuestro desarrollo independiente. Sólo entregaremos hasta nuestra última gota de sangre y soberanía, en camino a un precipicio de dolor...
No existen los “países serios” de los que habla el Presidente...
Nuestra pregonada incorporación al mundo, lo es a ese mundo donde crecen los factores de guerra y de rapiña salvaje... en Europa y en China, en EE.UU y en Rusia...
Si alguien tiene la idea que nuestro país estará al margen de esta escalada bélica impulsada por los matones imperialistas, sólo hay que ver las maniobras militares que realizaron los colonialistas ingleses en Malvinas entre el 19 y el 28 de octubre, que incluyeron el disparo de misiles y tuvieron como “hipótesis de conflicto” una confrontación con Argentina. 

En la base de este fenómeno Trump está la persistencia de la crisis económica y social en la primera potencia imperialista, que acrecentó las diferencias entre los más ricos y los más pobres. Desde el inicio de esa crisis, que coincidió con el final del período de Bush, hubo una ingente movilización popular contra sus efectos más devastadores, como el movimiento "Somos el 99 por ciento". Las promesas electorales de Obama en el sentido de revertir esa situación social generaron expectativas en amplias franjas de la población e impulsaron una movilización, que culminó con grandes concentraciones históricas, como los centenares de miles que se congregaron en el cierre de su elección en Chicago.

También ahora en EE.UU.
Desde hace un tiempo, también en el Reino Unido con el BREXIT, como en otras potencias, sectores de sus clases dominantes preparan a sus países para un mundo en el que se multiplican los factores de guerra. También, son pasos hacia realineamientos de esos países en el nuevo reparto del mundo que está en curso. Gran Bretaña ya no es “la reina de los mares”, pero conserva un poderoso dispositivo estratégico mundial, apoyado en los lazos de dependencia que tejió en la descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial, también en las posiciones coloniales que conserva. Por eso fue un delirio de rápido despertar, la idea de Macri y Malcorra de un diálogo con Inglaterra. Ni el apoyo a su candidatura en la ONU se consiguió.
La campaña electoral del BREXIT mostró una profunda división en las clases dominantes en el Reino Unido y sus componentes, en relación a los vínculos comerciales, políticos y empresariales con los distintos sectores de las clases dominantes de los demás 27 países integrantes de la Unión Europea, en particular con los sectores del capital financiero y monopolista de los países “rectores”, como Alemania, Francia e Italia. Contradicciones que ya se venían expresando en el mantenimiento de su soberanía monetaria por parte del Reino Unido y en la disputa entre Londres y Frankfurt por ser el centro financiero de la UE.
Este fenómeno de preparación para un mundo en el que se multiplican los factores de guerra se repite en EE.UU, con el triunfo electoral de Donald Trump.

El gobierno de Obama
Durante su administración, resumidamente, se acentuó la concentración social de la riqueza y las dos principales minorías étnicas (negros e hispanoamericanos) continuaron padeciendo la discriminación y el maltrato económico y social: nunca como en esos años hubo tantas deportaciones de ilegales y se repitieron los hechos de violencia racial, como los tristes episodios de Baltimore. Los puestos de trabajo destruidos en la agonía de Bush, por la relocalización de industrias en el exterior, principalmente China, fueron sustituidos por otros de escasa especialización y muy baja paga, que no alcanza para una cobertura de las necesidades más importantes. Fueron timoratas las reformas en salud y se encareció la educación superior, dejando fuertemente endeudados a centenares de miles de jóvenes de clases medias. En EEUU todas las universidades son pagas y los estudiantes y sus familias sacan créditos para pagarlas después de recibidos.
Impulsó el TPP (Tratado Transpacífico de cooperación económica), que entre otras cosas, le da autoridad a las compañías por encima del Estado. Que no podría, por ejemplo, fijar normas sanitarias de determinados productos sin riesgo de ser demandado por restricción al comercio. 
 El reverso de aquella movilización inicial, fue una oposición sistemática en el Congreso a toda iniciativa reformista y un recrudecimiento del racismo en los sectores más reaccionarios. Los republicanos, encarnación cabal de esta tendencia, contaron con una mayoría en el Senado que les permitió una labor obstruccionista.
 No fue sólo Obama quien incumplió las expectativas que despertó. Tampoco hubo respuestas del partido Demócrata, que responde a sus mandantes, las petroleras y Wall Street.

El triunfo de Trump
Trump expresa a las fuerzas más oscuras de la sociedad norteamericana. Representa a fuerzas no religiosas y las cuestiones religiosas han dejado de tener peso en la campaña. Ese es uno de los elementos por los que prevalece sobre los otros sectores conservadores del Partido Republicano. Dice más directamente lo que el público republicano quiere oír: “no a los musulmanes”, “vamos con más tortura”; aunque después se retracte, lo primero que le sale es lo más troglodita. Dijo que iba a ser neutral en el conflicto palestino-israelí, pero después fue a la Conferencia American Israeli Political Action Comitee, una especie de lobby proisraelí recalcitrante y dijo que “estoy con Israel todo el tiempo”.
Trump es una figura autoritaria. Hay aspectos que parecen contradictorios: critica la guerra de Irak: “¿para qué gastar tantos millones que se podrían haber usado en infraestructura?”. Es un gran oportunista y demagogo, va captando lo que va emergiendo de la gente. También recoge los temas que preocupan a los más pobres. Dice “yo voy a traer los trabajos de vuelta”, y manda fabricar cosas en China. Para hacer un edificio en Atlantic City, Trump trajo obreros polacos para pagarles salarios más bajos. Recoge el efecto en la población de las campañas contra los musulmanes y dice que les va a cerrar la frontera. 
En la campaña apareció la cuestión de Israel y Medio Oriente. Es sabido que el apoyo a Israel es una política de estado en EEUU. En AIPAC (American Israel Public Affairs Committé, Comité de Asuntos públicos Estados Unidos Israel) fueron a hablar todos los precandidatos, menos Sanders, que es el único judío de todos ellos. Se abstuvo de ir a esa reunión. Adujo un conflicto de horario pero hizo declaraciones en el sentido de que es muy difícil un plan de paz si los palestinos no tienen voz.

¿Quién paga la crisis?
Dice Marcelo Cantelmi en Clarín: “EE.UU. ha vivido ya la irrupción de un dirigente imprevisible y de discurso desorientado cuando George W. Bush alcanzó casi sorpresivamente la presidencia en 2000. (...) El legado de Bush es central porque es allí donde es posible hallar las huellas de este presente. El oportunismo y la opacidad en esa presidencia produjo, apenas llegado al Salón Oval, las dos mayores quiebras de las historia del capitalismo. Fue el prólogo de la pesadilla final en el cierre de su segundo mandato, con la bancarrota de todo el mercado en 2007 y 2008 origen de una desigualdad social sin precedentes desde inicios del siglo pasado. La cereza sobre esa torta es el rudimentario frente externo, donde Estados Unidos libra en Afganistán la guerra mas larga de su historia. La irrupción terrorista sanguinaria de la banda de presunto perfil religioso ISIS nace en la caldera inexplicable que abrió ese gobernante con el ataque a Irak en 2003.”
“Todo ese descalabro de deuda social interna y fracaso externo produjo una crisis de identidad. Su primera consecuencia fue el nacimiento del fundamentalista y primitivo Tea Party, que se tornó en el ala más poderosa del partido. Esa dinámica se corona ahora, en un grado superior, con el desembarco en el tope del poder de Trump”

En el mismo diario Clarín, otra editorialista, Paula Lugones, escribe:
“En las grandes ciudades de Estados Unidos y también en todo el mundo se preguntan cómo un personaje intempestivo como Trump, que dijo que los inmigrantes mexicanos son violadores o narcotraficantes, que se burló de discapacitados, que prohibirá el ingreso de musulmanes y que admitió en un video que manosea a las mujeres sin su consentimiento puede ser votado masivamente. Es que Trump logró sintonizar con el malestar de las clases medias industriales, rurales, sin estudios universitarios de ciudades pequeñas de la "América profunda" que está frustrada porque hace años y años que no puede progresar. Hombres y mujeres que se quedaron sin trabajo porque las fábricas se van a otros países con costos más bajos o porque su tarea fue remplazada por la de una máquina. Esa gente, si consiguió un nuevo empleo, gana la mitad. Crecen las deudas, los problemas con las drogas, el malestar. Ven a los inmigrantes como enemigos, como el "otro" que invade su trabajo y su identidad estadounidense.”

Ese es el futuro que nos espera a los globalizados. De adentro y de afuera. En estos días se supo que hacer una carrera universitaria en EE.UU cuesta 60.000 dólares al año. Ni hablemos de su sistema de salud. A ese mundo nos integran los administradores de nuestra dependencia. Los de antes y los de ahora.
Continúa Paula Lugones:
“Es que la supuesta recuperación económica no benefició a todos por igual. Mejoró el ingreso de los más ricos y sumergió a la clase media. La desigualdad fue el gran trasfondo del malestar. Además, es evidente que las minorías, que supuestamente se inclinan por los demócratas, no votaron automáticamente por Hillary. Ella perdió en Florida, inundada de latinos. Muchos hispanos son conservadores y también votan con el bolsillo. Ellos también quieren un cambio supuestamente para estar mejor. Tampoco salieron en masa los afroamericanos, que no vieron mejoras en sus vidas con el primer presidente negro de la historia. En una visita a Macon, Mississippi, la ciudad más pobre de Estados Unidos, con un 80% de afroamericanos, esta corresponsal detectó fácilmente a varios que votaban por Trump.”

Hace pocos días, el Papa Francisco dijo:
“Hay fuerzas poderosas que pueden neutralizar este proceso de maduración de un cambio que sea capaz de desplazar la primacía del dinero y coloque nuevamente en el centro al ser humano. Ese «hilo invisible» del que hablamos en Bolivia, esa estructura injusta que enlaza a todas las exclusiones que ustedes sufren, puede endurecerse y convertirse en un látigo, un látigo existencial que, como en el Egipto del Antiguo Testamento, esclaviza, roba la libertad, azota sin misericordia a unos y amenaza constantemente a otros, para arriar a todos como ganado hacia donde quiere el dinero divinizado. ¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor, cuánto miedo! Hay -lo dije hace poco-, hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso. Ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero» (Conferencia de prensa en el Vuelo de Regreso del Viaje Apostólico a Polonia, 31 de julio de 2016). Ese sistema es terrorista.”

Seguramente muchos votaron contra sus reales intereses. O contra sus derechos. Pero tampoco Hillary Clinton, del establishment financiero y del sistema tradicional, expresaba sus derechos.
Los pueblos buscan sus caminos de manera sinuosa. Como en el siglo pasado, antes de la Segunda Guerra Mundial, estos grotescos personajes pululan en el mundo. Desde Trump a Putin, desde Xi Jinping a sus emuladores en Europa. Sus planes son de ajuste, como el que Angela Merkel impuso a Grecia. Quieren hacer pagar la crisis a los pueblos y los países como el nuestro.
Es lo que dice Francisco:
“En nuestro último encuentro, en Bolivia, con mayoría de Latinoamericanos, hablamos de la necesidad de un cambio para que la vida sea digna, un cambio de estructuras; también de cómo ustedes, los movimientos populares, son sembradores de ese cambio, promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas encadenadas creativamente, como en una poesía; por eso quise llamarlos “poetas sociales”; y también enumeramos algunas tareas imprescindibles para marchar hacia una alternativa humana frente a la globalización de la indiferencia:
1. poner la economía al servicio de los pueblos;
2. construir la paz y la justicia;
3. defender la Madre Tierra.

Ese día, en la voz de una cartonera y de un campesino, se dio lectura a las conclusiones, los diez puntos de Santa Cruz de la Sierra, donde la palabra cambio estaba preñada de gran contenido, estaba enlazada a cosas fundamentales que ustedes reivindican:

trabajo digno para los excluidos del mercado laboral;
tierra para los campesinos y pueblos originarios;
vivienda para las familias sin techo;
integración urbana para los barrios populares;
erradicación de la discriminación, de la violencia contra la mujer y de las nuevas formas de esclavitud;
el fin de todas las guerras, del crimen organizado y de la represión;
 libertad de expresión y comunicación democrática;
ciencia y tecnología al servicio de los pueblos.

Escuchamos también cómo se comprometían a abrazar un proyecto de vida que rechace el consumismo y recupere la solidaridad, el amor entre nosotros y el respeto a la naturaleza como valores esenciales. Es la felicidad de «vivir bien» lo que ustedes reclaman, la «vida buena», y no ese ideal egoísta que engañosamente invierte las palabras y propone la «buena vida».
 Quienes hoy estamos aquí, con orígenes, creencias e ideas diversas, tal vez no estemos de acuerdo en todo, seguramente pensamos distinto en muchas cosas, pero coincidimos en esos puntos. Supe también de encuentros y talleres realizados en distintos países donde multiplicaron los debates a la luz de la realidad de cada comunidad.”

"...En estos tiempos de parálisis, de desorientación y propuestas destructivas, la participación protagónica de los pueblos que buscan el bien común puede vencer, con la ayuda de Dios, a los falsos profetas que explotan el miedo y la desesperanza, que venden fórmulas mágicas de odio y crueldad o de un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria. Sabemos que «mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales»"
 

Es hora de unidad de luchadores del pueblo sufriente, de soldados de la patria oprimida, de combatientes de la libertad y los derechos conculcados y pisoteados diariamente de mil maneras. Que desechen caminos trillados mil veces que conducían a sufrimientos indecibles.
En busca de construir una huella de democracia grande, verdadera soberanía popular e Independencia de toda dominación extranjera.
Como dice el Acta de nuestra Independencia.

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