martes, 28 de mayo de 2013

Década ganada ¿por quién?. Una nueva huella es posible y necesaria. El Mangrullo Argentino.

Década ganada ¿por quién?

El Mangrullo Argentino

1. La celebración K
El gobierno kirchnerista celebró sus diez años con un multitudinario acto y festival artístico en la Plaza de Mayo. Hubo una amplia movilización de La Cámpora y las organizaciones de Unidos y Organizados, de los gremios de la CGT y la CTA oficialistas y de gobernadores e intendentes. Y público no organizado.
La Presidente, en su discurso, realizó un balance de los 10 años de gobierno, calificándolos de “década ganada”, y convocó a “defender” su “modelo”, al que identificó con “la patria”, para “ganar otra década”.
Diez años son más que suficientes para evaluar un “modelo”, es decir, un programa y una política.

2. Ganadores y perdedores en el campo
En estos 10 años avanzó la soja como reguero de pólvora. Se exportó por 255.614 millones de dólares (más de un billón trescientos mil pesos). La mayor parte de esa plata fue a los bolsillos de un puñado de pooles, grandes terratenientes, monopolios comercializadores, y al Estado. La extranjerización de tierras superó los 17 millones de hectáreas.
Del otro lado del mostrador, el gobierno se negó a homologar el convenio de los trabajadores rurales que habían conquistado el 35% de aumento salarial. Miles de campesinos pobres, criollos y originarios, sufren el genocidio silencioso en las provincias de los gobernadores “amigos” (como Insfrán, presente en el palco de Cristina Kirchner) o emigran a las villas miseria. Como dijo el dirigente Qom Félix Díaz: “Un indígena menos es un problema menos para el Estado”.
140.000 pequeños y medianos productores perdieron sus chacras. La expansión de la soja provocó la liquidación de pequeños y medianos ganaderos, productores de trigo, y la ruina de los cultivos regionales: olivo, fruta, algodón, verduras, etc.

3. Deuda, energía, industria, defensa
Al comienzo hubo expectativas por el rechazo de Néstor Kirchner al ALCA y a Bush, en Mar del Plata. Luego, el gobierno, sin investigar, pagó la deuda externa religiosamente, como dijo Cristina Kirchner. Le pagó al contado y por adelantado al FMI. Promovió la penetración de megamineras imperialistas que saquean recursos, contaminan las aguas, y prácticamente no pagan impuestos. Impulsó el vaciamiento de YPF junto con Repsol y Eskenazy, y luego de la estatización del 51% de sus acciones, la convirtió en una sociedad anónima que negocia acuerdos con las petroleras: Chevron, chinas, rusas y europeas (nada “nacionales y populares”).
Ramas enteras de la industria son destruidas (material ferroviario, naval, aeronáutico, etc.) por las compras al extranjero, sobre todo a China, potencia imperial que penetra aceleradamente en nuestro país.
Además, la política de indefensión nacional del gobierno, abrió las fronteras a la droga y la trata, facilitó el despliegue del colonialismo inglés en el Atlántico Sur, al punto de no poder aprovisionar a las bases antárticas.

4. Inflación, crisis y corrupción
La inflación y la crisis castigan al pueblo, y no se toman medidas efectivas para frenarlas. Los recientes aumentos a la Asignación por hijo y al llamado salario familiar (3 años congelado), son un triunfo parcial de la lucha del pueblo. Parcial, porque no cubren la inflación acumulada. Y porque sigue el “techo” por el cual tres millones de trabajadores ya no las cobran. Así, el gobierno financia esos aumentos con el recorte del salario familiar a parte de los asalariados en blanco, y con el absurdo impuesto a las ganancias al trabajo.
Por otra parte, el gobierno (con la ayuda de “quienes la juntaron con pala”, al decir de la Presidente, y los dirigentes colaboracionistas como Caló y Yasky) ha vuelto a liquidar las paritarias libres, imponiendo no solo un “techo” a los aumentos, sino también, cláusulas de “paz social” que cercenan el derecho de huelga.
Por otra parte, no hubo ni una palabra de la Sra. Presidente frente a las denuncias de la brutal corrupción y el uso descarado del Estado para los negocios de la familia gobernante y sus socios.

5. Los aspirantes a Gerentes de la Dependencia, en lugar de los actuales...
Los sectores políticos que le disputan al gobierno el tamaño de la tajada del robo nacional, en su intento de usar el malhumor popular, también perfuman sus planes. Los acuerdos de De la Sota con Lavagna (y los coqueteos entre Lavagna y Macri), desnudan los planes de aplicar una devaluación, un hachazo a los salarios, para que el pueblo pague la crisis que benefició a otros.

6. Un nuevo cauce.
El Arzobispo Radrizzani, en su Homilía del 25 de Mayo, utilizó la frase ‘yo tengo un sueño‘ del discurso que el líder de los derechos humanos Martin Luther King pronunció en 1963, para expresar, a título personal, como sueña ‘a esta tierra bendita que habitamos´: ‘Sueño con una patria más equilibrada socialmente, donde quien tiene comparta y no solo acumule y quien no tiene pueda ser aliviado en su necesidad dignamente, pudiendo encontrar un trabajo, una educación que lo saque del aislamiento y una inclusión social que lo haga protagonista y no sólo receptor de ayudas´.
El Papa Francisco, a su vez, dijo: “La política se ocupa de finanzas y de bancos, no de los que tienen hambre. No interesa si la gente no tiene nada”.
 “Una de las causas de esta situación, según me parece, es la relación que se tiene con el dinero. Se acepta su dominio sobre nosotros y sobre nuestra sociedad”. 
“Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del beneficio a cualquier coste, del dar para obtener, del provecho sin mirar a las personas... y los resultados los vemos en la crisis que estamos viviendo",
"La crisis económica ha creado temor y desesperación, disminuyó el goce de la vida e incrementó la violencia y la pobreza, mientras más personas tienen problemas para subsistir y lo hacen en condiciones indignas",
"Mientras que el ingreso de una minoría está creciendo exponencialmente, el de la mayoría se está desplomando"
"Este desequilibrio es resultado de las ideologías que sostienen la absoluta autonomía de los mercados y la especulación financiera"
"Sin embargo, también hay que reconocer que la mayor parte de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en una precariedad cotidiana con consecuencias funestas". "La alegría de vivir disminuye, la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve más evidente". "Hay que luchar para vivir y muchas veces para vivir en modo no digno".
Hay posibilidades de iniciar otra senda. Los patriotas y los demócratas verdaderos deben esforzarse para abrir ese nuevo camino. Camino que es posible porque es necesario.
La Patria debe salir de la indefensión, la Nación debe emanciparse, el Pueblo debe dejar de pagar la crisis que enriqueció obscenamente a unos pocos.

lunes, 27 de mayo de 2013

La nueva gran batalla de Vo Nguyen Giap

El General Vo Nguyen Giap, héroe nacional viviente vietnamita contra la ocupación extranjera, primero francesa y luego norteamericana, ahora en batalla contra la penetración china.
La nueva gran batalla de Vo Nguyen Giap
Iván Restrepo

Ahora no es en el campo militar donde libra batallas el general Vo Nguyen Giap, el héroe vivo más respetado de Vietnam. Tras luchar durante 70 años contra las potencias que quisieron hacer de su país una colonia; después de propinar a las tropas francesas la derrota definitiva que las obligó a capitular en mayo de 1954, luego de la batalla de Dien Bien Phu, y de pelear contra la mayor potencia militar de los tiempos modernos (Estados Unidos), el estratega de la guerra de guerrillas encabeza ahora otra gran campaña. Esta vez  contra un país que él bien conoce y que expande sus intereses por todo el mundo: China.

Y es que la nueva potencia busca afanosamente materias primas de todo tipo para sostener su acelerado crecimiento industrial. Con ese propósito concede ayudas e invierte en África, Asia y América Latina. Quiere hacerlo en Vietnam, que tiene yacimientos de bauxita, mineral utilizado para producir aluminio. El gobierno vietnamita tiene la intención de entregar la explotación de esos yacimientos a compañías externas, una de ellas china.

El general Giap se ha unido a los especialistas en los temas del medio ambiente, economía, trabajo y salud, intelectuales, monjes budistas, veteranos de guerra y grupos sociales diversos para rechazar esa entrega y advertir al gobierno de los peligros que conlleva. No se trata solamente de garantizar la soberanía y la seguridad nacionales, alegan los inconformes, sino también de evitar la contaminación y los daños a la salud de los trabajadores de las minas y sitios cercanos. Y es que el saldo que tiene China en minería es muy negativo: es uno de los países con más víctimas entre los trabajadores; además de los daños que ocasiona a la salud de la gente, provoca alteraciones graves al medio ambiente.

Pero en Vietnam igualmente hay grupos sociales y de especialistas que exigen que se impida que, en aras de un falso desarrollo, el país destruya sus recursos naturales, contamine sus corrientes de agua y desaparezca su rica flora y fauna. Luego de los enormes daños que dejó la intervención estadunidense, Vietnam comenzó a resarcir y a diversificar su economía. Entre otras medidas, abrió su territorio a empresas maquiladoras, poco cuidadosas del medio. Ahora se conocen datos que muestran cómo esta industria no controla sus desechos, muchos de los cuales van a dar a la cuenca del río Mekong, compartida con Camboya y Laos.

Organizaciones internacionales advierten que, por la alta contaminación con mercurio y otras sustancias tóxicas que registra la cuenca, los delfines están en peligro de desaparecer. Ayer los vietnamitas derrotaron las fuerzas de guerra imperialistas; hoy deben poner en su lugar a las trasnacionales, no menos peligrosas.


jueves, 23 de mayo de 2013

Revolución de Mayo: Distintas visiones, proyectos y caminos...


Revolución de Mayo: Distintas visiones, proyectos y caminos...
Horacio Micucci

Se habla y se estudian distintas revoluciones en el mundo, pero los argentinos no podemos eludir el estudio de nuestra Revolución, para sacar conclusiones y experiencias.
Conviene hacer algunas reflexiones, desde una visión patriótica y popular, sobre la Conmemoración del 25 de mayo.
¿Y porqué desde una visión patriótica y popular?
Porque para hacer posible lo nacional debe unirse a lo popular y lo democrático. Y lo popular y lo democrático no puede realizarse sin la independencia nacional.
Reivindicamos el patriotismo como nacionalismo de los países oprimidos, diametralmente opuesto al nacionalismo de las potencias opresoras que se disputan el dominio y la rapiña del mundo. Reivindicamos las posiciones patrióticas y populares porque sólo la fuerza popular nos emancipará como Nación y nos independizará como país en el camino en que el pueblo se libere a si mismo.
Y es bueno analizar este 25 de Mayo teniendo como marco teórico referencial a esa posición porque desde nuestra primera revolución hasta nuestros días no logramos superar una independencia formal (cada vez más formal) que esconde una tremenda dependencia y sumisión nacional: un país disputado y rapiñado por distintas potencias (desde Inglaterra, EE.UU. u otras potencias europeas hasta Rusia y China en nuestros días), con una parte de su territorio usurpado por el colonialismo británico.
A la vez, quedaron inmensas tareas democráticas por realizar (es decir, hacer reales), desde la profunda reforma agraria, que postulaba Artigas en su Estatuto de 1815 por ejemplo, pasando por la mirada belgraniana de la agricultura y la industria, hasta la vigencia de una democracia grande con formas de democracia directa y el establecimiento de un federalismo efectivo. Porque la democracia de hoy ha sido reducida a un convite periódico al sufragio para elegir gerentes que gestionan esta dependencia y que sistemáticamente traicionan al Pueblo y a la Patria. Y subordinan a las provincias.
Nuestra Revolución quedó inconclusa.
Hemos escuchado hablar por décadas del "progreso" puesto de manifiesto por cifras de una supuesta "macroeconomía". Pero esas cifras son, en realidad, las cuentas del enriquecimiento obsceno de los beneficiarios de la entrega y del empobrecimiento inaudito de la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro suelo. Se nos habló de una supuesta teoría del "derrame" por el cual había que permitir ese enriquecimiento para que las sobras del banquete cayeran sobre los más pobres, pero esto nunca ocurrió. Sólo asistimos a la existencia de una minoría, cada vez más opulenta y poderosa, frente a una mayoría creciente de pobres cada más pobres.
Recientes palabras del Papa Francisco reflejan esta situación: "Mientras que el ingreso de una minoría está creciendo exponencialmente, el de la mayoría se está desplomando"
Y ha sido un drama, muchas veces provocado, la separación de la cuestión democrática y la patriótica. En lo más profundo de nuestra historia se entrelazan estas banderas patrióticas y populares. Juntas mostraron la salida en encrucijadas claves escribiendo las mejores páginas de nuestra vida como Nación.
Y en Mayo es difícil separarlas. ¿Qué eran Belgrano y San Martín? ¿Patriotas o demócratas?. Eran ambas cosas a la vez, de manera inseparable.
Reconquistar el patrimonio nacional, establecer la soberanía popular, garantizar la independencia argentina, hacer efectivos los derechos del pueblo a la libertad, la salud, la alimentación, el trabajo y la tierra para el trabajo y la vivienda y no para la renta y la especulación, exigen esa unidad inseparable de lo patriótico y lo popular.
Es que el movimiento patriótico nacional y el movimiento democrático popular también están unidos por las reivindicaciones del Pueblo y de la Patria que no han sido logradas y que sólo se podrán lograr en conjunto, ya que son derechos inseparables.
Es posible, entonces, un amplio movimiento patriótico y democrático popular que una a las fuerzas del trabajo, a los productores del campo, al empresariado y el comercio nacionales; a profesionales, científicos, artistas e intelectuales consustanciados con el pueblo y la patria; a religiosos sensibles a la situación de los carenciados, y a los militares patriotas y democráticos. Este amplio movimiento será capaz de abrir una nueva huella para llevarnos a nuestra segunda y definitiva independencia.
Y, ya en la cuestión de la Revolución de Mayo que conmemoramos, cabe la pregunta:
¿Qué se debate en el transcurso de esta conmemoración?
Se abre un gran debate histórico. Y no es neutro ese debate.
Se disputan proyectos políticos futuros, en lo que se destaca y en lo que se secundariza u oculta.
En ciencias sociales no hay imparcialidad. Nosotros tomamos partido por nuestra Patria sometida y por los humillados y vilipendiados de ella y eso nos permite buscar la verdad porque los oprimidos y los sometidos son los que están interesados en desnudar las mentiras del sistema opresor y sus administradores de turno.
Hace tiempo George Orwell escribió: “Quién controla el pasado controla el futuro y quién controla el presente controla el pasado”.
Parece pertinente disputarle a quienes controlan el presente el control del pasado para recuperar el futuro de nuestro Pueblo y nuestra Patria.
No nos referimos sólo al actual gobierno sino, más en general, a los sectores económicos y sociales que han sido causantes y beneficiarios históricos de las políticas de hambre, entrega y sumisión nacional. Y otra vez las palabras del Papa Francisco: “La política se ocupa de finanzas y de bancos, no de los que tienen hambre. No interesa si la gente no tiene nada”.
Se confrontan dos visiones.
En concreto: dos visiones fundamentales confrontan.
Una visión es la oficial, expresada en el grupo gobernante (disfrazado de progresista) pero también en  “alternativas” que ofrecen otras variantes para la violación de los derechos del pueblo, la dependencia y la sumisión nacional en favor de otros bloques de beneficiarios nativos y potencias imperialistas.
¿En que consiste esta visión?
Cuando, diez años antes del primer centenario, Roca redujo el Himno, resumió esa posición.
Eliminó todo aquello que lo convertía en una proclama de libertad e independencia, que reconocía antecedentes en luchas anticoloniales y antifeudales, en las sublevaciones de los originarios y en las de otros pueblos hermanos. Pulverizó todo aquello que hacía de ese himno un programa de independencia. Aniquiló toda exaltación del sacrificio revolucionario en esa Revolución.
¿Por qué? Porque eso era necesario como muestra de sumisión y vasallaje a los poderosos de la época. Era necesario para mostrar una Argentina integrada.
Pero, ¿integrada con que papel?
El de un país dependiente. Formalmente independiente, pero dependiente.
Y no es algo abstracto la dependencia. Se expresa en perjuicios a los derechos de hombres concretos.
Se expresa en la extranjerización de más de la mitad de la tierra cultivable y en la persistencia del latifundio denunciado hace nueve años por la Iglesia y por la Federación Agraria Argentina. Y, como consecuencia, en impedir el acceso a la tierra a los que la quieren para el trabajo y la vivienda y no para la especulación y en una renta que se carga a toda la Nación. Se expresa en la falta de tierra para trabajarla y vivir en ella.
Se expresa en la pesca depredatoria que es hambre presente y futura.
Se expresa en la entrega de nuestro petróleo, materia prima valiosa pero, más aún, material estratégico para nuestra defensa nacional, como lo advirtiera el General Mosconi.
Se expresa en la megaminería contaminante, que se lleva todo y no deja más que destrucción; megaminería a la que protege el actual turno gobernante. Es entrega de los ferrocarriles y son pueblos desiertos.
Se expresa en los perjuicios que sufren los verdaderos productores del campo.
Se expresa en una desocupación que produce una estructura antiindustrial nacional que primariza cada vez más nuestra economía, que destruye al pequeño comerciante y a las PYME.
Se expresa en la falta dineros y proyectos para salud y educación que se gastan en el pago de deudas usurarias, ilegítimas y fraudulentas.
Se expresa en las inundaciones, en Cromagnon, en la masacre de Once.
No es algo abstracto la dependencia. Es hambre, miseria, vida indigna. Son niños de futuro destruido. Dependencia significa provincias “inviables” y vidas “invivibles”. Y significa, también, el rebrote de un extremismo unitario y sojuzgador en el trato con las provincias.
Gobiernos de distintos colores mantuvieron esa visión. El actual también.
¿Cómo destacar el sacrificio de Belgrano y tantos otros ante el enriquecimiento obsceno que muestran muchos protagonistas políticos actuales?. Enriquecimiento que no es sólo personal sino que es la utilización del Estado para conformar un grupo económico que detenta alrededor del 6% del PBI argentino y que ha venido para quedarse, más allá de su permanencia en el gobierno, por medios “legales” o ilegales.
¿Cómo reivindicar a los pueblos originarios si gobernantes amigos del grupo gobernante practican un genocidio despiadado y continuado, a la luz del día, con el pueblo Qom?.
¿Cómo reivindicar una Defensa Nacional Popular Integrada e Integral cuando se sume a la Argentina en la indefensión o cuando se ha destruido la Industria para la Defensa?.
¿Cómo defender los símbolos patrios cuando se deja hundir a la vista de todos a un símbolo como el Santísima Trinidad?.
La respuesta a estos interrogantes es clara: o se oculta la historia, deformándola, o se apela al doble discurso al que es tan afecto el actual gobierno. Se falsean los datos del presente y, también, los del pasado.
Y para eso también tuvieron que retocar la historia.
Para que pase la primera visión tuvieron que deformar la verdadera historia.
Tuvieron que ocultar hechos (como el formidable protagonismo popular), tuvieron que hacer desaparecer próceres (como Artigas y Andresito), tuvieron que convertir a los patriotas en figuritas irreales e inofensivas o sencillamente calumniarlos. Pretenden esconder el papel como militar de Manuel Belgrano (reduciéndolo a Doctor). Tuvieron que esconder que la Patria se hizo con desobediencias como las de Belgrano al izar la bandera sin autorización o al negarse a abandonar el Norte o como las de San Martín que desobedeció la orden de participar en las luchas fratricidas. Desobediencias debidas y no obediencias debidas.
Como dice el documento fundacional del Foro Patriótico y Popular:
“A la entrega y la sumisión nacional ha ido unido, como la sombra al cuerpo, el desconocimiento de nuestras gestas históricas de independencia nacional y por romper las cadenas de la opresión social. El olvido lento, seguro y programado de la Reconquista y la Defensa de 1806 y 1807, que fueron pasos previos ineludibles del 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816, la heroica Guerra de emancipación nacional, junto a los pueblos hermanos de Latinoamérica; las grandes rebeliones y alzamientos populares que enfrentaron al poder oligárquico en pos de conquistas sociales o políticas; la desmalvinización, iniciada por el propio “Proceso” y continuada por los gobiernos posteriores.
Todo intento de sublevarse ante la prepotencia de los poderosos del mundo y sus socios oligárquicos, es presentado como una obra de utópicos por los publicistas del sistema y la historia oficial. Vacían así nuestra verdadera historia para poder afirmar que la sumisión y la conciliación son la respuesta “racional” frente al nuevo orden globalizador. Se nos dijo, entonces, que vivíamos en una “aldea global” de países interdependientes. Se nos quiso ocultar que hay un puñado de potencias “globalizadoras”, y una mayoría de países expoliados por aquellos: Argentina es hoy, más que nunca en su historia, una presa disputada, desgarrada, por esas potencias opresoras.
Se niega abiertamente que sea posible un proyecto de Argentina independiente en el contexto mundial actual. Se sostiene que sólo es posible establecer algunas pocas “limitaciones” a la subordinación global.”
Está todo dicho en ese texto.
Entonces hay otra visión de nuestro futuro y de nuestro presente.
Esta otra visión, patriótica y democrático-popular ve a la Argentina como parte de los países que luchan por su independencia, las naciones que luchan por su emancipación y los pueblos que luchan por su liberación, en un mundo donde un puñado de países opresores, países bandoleros, oprimen a la mayoría. Un mundo multipolar de potencias imperialistas, no sólo yanquis, no sólo ingleses, también otros imperios europeos, también Rusia, y también la China, que cada día penetra más en nuestro país.
Esta otra visión rescata la consigna de los patriotas de Mayo: “Ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo”. O el genial agregado del diputado Medrano a la Declaración de la Independencia: “independientes de los Reyes de España, sucesores y Metrópoli y de toda otra dominación extranjera.”. Agregado valiente en un mundo dominado por la Santa Alianza que Beethoven, partidario de la revolución, describía diciendo “no se ve ninguna luz en ninguna parte.”
Un mundo que era más difícil que el de ahora, donde empiezan a brillar luces. Luces que ocultan quienes están interesados en recalcar que sólo es posible ser dependientes porque se benefician con la dependencia. Sólo discrepan en quien se lleva la mejor tajada.
En síntesis estas dos visiones encierran dos proyectos de Argentina.
Cada visión tiene un proyecto de Argentina.
Uno es un proyecto de Argentina dependiente.
El otro proyecto es el de una Argentina que se ponga de pié, soberana, de democracia real, democracia grande. Donde los derechos no sean letra muerta, donde la voluntad popular se respete, y donde cada elección no sea, como ahora, una cadena de engaños.
A esta última visión, y al proyecto que implica, le interesa conocer la verdad histórica.
Y aprender de ella. De nuestra última gran revolución.
Y allí entramos en el debate de que fue la Revolución de Mayo. Qué fue, qué enseñanzas nos deja, dónde ganamos y dónde perdimos y porqué.
Podríamos citar, entrando en la Revolución de Mayo, una frase de Bernardo de Monteagudo: “Sin la historia, que es escuela común del género humano, los hombres desnudos de experiencia, y usando sólo de las adquisiciones de la edad en que viven, andarían inciertos de errores en errores”.
Y en cómo fue la Revolución, en las enseñanzas a extraer, hay también un debate de proyecto de país.
Algunos dicen, por ejemplo, que la Revolución de Mayo tuvo un núcleo intelectual sin pueblo. No hubo pueblo y significó el paso de un tipo de globalización a otro tipo de globalización. ¿No eran pueblo más de siete mil milicianos armados que elegían por votación a sus jefes y que constituyeron la fuerza militar de la Revolución? ¿No eran pueblo las decenas de miles de originarios que combatieron en las sublevaciones de Túpac Amaru y Túpac Catari? ¿No eran pueblo los que integraron los ejércitos patrios que hicieron la guerra que se prolongaría hasta los campos de Ayacucho en 1824 y Tumusla en 1825? ¿No eran pueblo los sublevados de La Paz que, parafraseando al patriota Murillo, encendieron una tea que no se apagaría jamás? ¿No eran pueblo los campesinos de Güemes y la Guerra de las Republiquetas del Alto Perú?. Interesada versión que intenta ocultar la participación popular para justificar que sólo podremos “renegociar” nuestra dependencia. Versión de los que dicen que la independencia es cosa folklórica del pasado o paradigma caído para siempre.
Otros dicen que no fue una revolución. Que sólo se ocupó el vacío de poder creado por la prisión del monarca español. Sin embargo, la Revolución de Mayo de 1810 no fue un relámpago en cielo sereno ni un mero resultado de la invasión de España por los ejércitos franceses de Napoleón, aunque esto facilitara el accionar de los revolucionarios aquí, en la llamada Hispanoamérica. Hay una relación entre las condiciones externas y las internas, pero lo esencial es lo interno. Como en la metáfora del huevo y la piedra, si se incuba un huevo a 37 grados al tiempo saldrá un pollito pero si se incuba una piedra eso no ocurrirá. Esto es así porque son los factores internos del  huevo, que no tiene la piedra, los esenciales.
Otra versión, la más difundida, muestra un cabildo y gente expectante con paraguas. Aquí tampoco hubo revolución. El pueblo pasivo, esperaba saber de que se trataba. Versión de los que quieren a los pueblos lejos de las calles. En su formato para escolares aparecen “negritos” vendiendo empanadas y señores de galera con paraguas.
Las versiones de la dependencia y la sumisión nacional ocultan a tres de las cuatro vertientes de Mayo.
Las tres vertientes escondidas
La primera vertiente, la esencial, es el pueblo alzado en armas en defensa de la Patria que constituiría la parte principal de los ejércitos patrios. Ese pueblo armado que se unió y fue la fuerza principal en el rechazo de las invasiones inglesas. Pueblo que se organizó en milicias que agruparon miles de hombres entre los que había criollos, negros, mestizos, etc. además de españoles. Pueblo que también integraban los pueblos originarios de las pampas que ofrecieron sus lanzas. Pueblo que, después de vencer a los ingleses, en un proceso que fue de 1807 a 1809 desarmó a los cuerpos de milicias partidarios de la continuidad colonial, quedando así las milicias que iban a ser la columna vertebral que posibilitó aquel 25 de Mayo. Pueblo que además incluía a los chisperos de French y Berutti dispuestos a actuar a una señal de Belgrano. Pueblo que después iba a constituir los ejércitos que actuaron en aquella guerra prolongada que duraría hasta 1824 y 1825.
Pueblo que también incluía a originarios como Andresito, combatiente en la expedición a Paraguay bajo las órdenes de Belgrano y luego segundo jefe de Artigas.
La segunda vertiente fue el núcleo de revolucionarios cuyas ideas avanzadas eran el corazón de la Revolución. Algunos como Belgrano, abogado y economista de prestigio, conocedor profundo de las nuevas ideas que bullían en Europa, intelectual que podía haber tenido un futuro venturoso en el régimen colonial pero que no vaciló en perder todo, muriendo en la pobreza y en el abandono, por su entrega a la causa revolucionaria. Otros como Moreno que en su tesis doctoral en Chuquisaca ya denunciaba la explotación de los originarios en la mita y el yanaconazgo, o como Monteagudo participe de la sublevación de La Paz o Castelli, primo de Belgrano. Es decir todos vinculados a las nuevas ideas y a las sublevaciones del norte altoperuano. Ese núcleo, con distintas variantes supo estar en el frente único antiinglés que incluía a bonapartistas como Liniers y españolistas como Álzaga, que también supo aproximarse a su objetivo designando como Virrey a Liniers (de simpatías bonapartistas) y que, disputando la hegemonía en ese frente, lograron entre 1807 a 1810 desarmar a los regimientos españoles partidarios de la continuidad colonial para constituir la fuerza militar propia. Intelectuales que tenían clara la necesidad de la conducción de esa fuerza militar naciente. ¿Qué otra cosa significaba que Belgrano se presentara a las elecciones para dirigir el Regimiento Patricios, elecciones que perdió frente al comerciante Cornelio Saavedra, al comerciante Romero y al militar de carrera Urien?. Intelectuales que fueron parte de esa multisectorial que unió en el Cabildo del 25 de mayo a hombres y fuerzas de diferentes vertientes de pensamiento y distintos sectores sociales, como se expresó en la Primera Junta patria reuniendo a quienes se definían como el "partido revolucionario" como Moreno, Castelli, Belgrano, comerciantes  como Saavedra y Matheu, religiosos como Alberti y militares como Azcuénaga.
Supieron ver las unidades necesarias para cada momento necesario.
Por último la tercera vertiente era la que provenía de la fractura del viejo ejército colonial. Militares que venían del aparato militar colapsado ante las invasiones inglesas. Militares que eran parte de un ejército fracturado en Europa donde habían surgido los que estaban dispuestos defender España frente a Napoleón, ilusionados con un Fernando VII, al que imaginaban constitucionalista. Militares españoles que tampoco habían vacilado en unirse al pueblo español sublevado representado, entre otros, por Juan Martín Díaz El Empecinado, ese hijo de panaderos alzado en armas indignado por la violación de unas jóvenes por los soldados franceses y que llegó a dirigir una división de diez mil hombres que destruyó la logística napoleónica y que cuando volvió Fernando VII le exigió una constitución, siendo primero confinado y luego ejecutado por ello. Ejército, conmovido por las nuevas ideas y la lucha contra el invasor napoleónico, donde se formaron San Martín y Matías Zapiola, segundo Jefe de Granaderos a Caballo, posteriormente. Y que tenía en el Regimiento Fixo de Buenos Aires a Miguel de Azcuénaga y a ese español que luchó hasta las últimas batallas de la Independencia, el General de los Pueblos Antonio Álvarez de Arenales. Y que tuvo a Güemes, reclutado desde los 14 años, en la delegación militar de Salta. O a Artigas del Regimiento de Blandengues.
Un debate hacia el futuro
Pero también, y muy importante, es investigar las causas que hicieron que la revolución quedara inconclusa, que no completara sus tareas democráticas (como la reforma agraria) y tampoco sus tareas patrióticas posibilitando que la independencia se transformara en una nueva dependencia, por la pérdida de la hegemonía del proceso en manos de una cuarta vertiente: aquellos que sólo querían la independencia formal conservando los privilegios del sistema, opuestos al protagonismo popular porque significaba la lucha sin claudicaciones contra sus intereses mezquinos.
La Revolución de Mayo terminó con la colonia pero no completó las tareas democráticas (agrarias), y esto llevó a una revolución inconclusa.
Esto es lo que creemos que está en debate: Qué proyecto de país, qué tipo de cambios hay que realizar, cual es la revolución necesaria y por lo tanto posible. Qué caminos posibles para lograrlo, rescatando las formas de confluencia entre lo patriótico y lo popular. Qué ejemplos de protagonismo popular podemos rescatar de nuestro pasado, comprendiendo que la independencia nacional es condición para que se hagan efectivos los derechos del pueblo y recordando siempre que la independencia nacional frente a enemigos poderosos no se logrará sin ese protagonismo popular, que es condición para que el proceso revolucionario se complete hasta sus últimas tareas.
Es hora de unidades Patrióticas y Populares que superen las rutas trilladas y abran nuevos caminos, nuevas huellas, en todos los terrenos.
Hoy esa unidad imprescindible no puede eludir la elección de un camino que haga que la terrible crisis económica internacional que se refleja en Argentina dejen de pagarla el Pueblo y la Patria.
Para eso hace falta debate público por esa unidad y por un programa, postergando ambiciones personales.
Está en juego la verdadera Nación corporizada en la mujer y el hombre argentinos.

viernes, 17 de mayo de 2013

LA MUERTE NO IGUALA CONDUCTAS. Reflexiones sobre el 24 de marzo y el “Proceso”


LA MUERTE NO IGUALA CONDUCTAS.

El 24 de marzo de 1976 había una única posición patriótica y popular: Oponerse al Golpe de Estado y defender al Gobierno Constitucional de la Sra. de Perón.
Ante el fallecimiento de Jorge Rafael Videla se reproduce un artículo de marzo de 2013 que tiene total vigencia.

  

Reflexiones sobre el 24 de marzo y el “Proceso”


Horacio Micucci 

(Coordinador del Instituto de Estudios Nacionales y Vicepresidente del Foro Patriótico y Popular)

El Pueblo Argentino necesita hacer un balance de esos hechos. También, en particular, necesitan hacerlo las camadas jóvenes y las veteranas de la corriente militar nacional, patriótica, popular y democrática, para evitar ser nuevamente separadas del pueblo al que pertenecen y destruidas por el enemigo.

El 24 de marzo de 1976 se producía el golpe de Estado que derrocó al Gobierno constitucional de la Sra. de Perón. Es bueno recordar que un patriota que nos acompaña desde los inicios de la revista CUADERNOS, formaba parte de ese gobierno y lo pagó con largos años de cárcel y castigo: su nombre es Julio C. González.
Él fue parte de quienes pensábamos, hace ya más de diez años, que era necesario unir a dos movimientos que a lo largo de la historia argentina recorrieron muchas veces caminos divergentes cuando no enfrentados: el Movimiento Patriótico-Nacional y el Movimiento Democrático- Popular. Porque, en lo más profundo de nuestra historia, ambos movimientos nacieron juntos y el éxito nos acompañó mientras esa unidad se mantuvo. Es lógico entonces el intento de los enemigos de hoy y de ayer, de profundizar la división entre ambos. Pero tarde o temprano, la unidad patriótica y popular, impondrá el orden de una Argentina independiente como país, emancipada como nación, con una democracia grande y verdadera donde se satisfagan los deseos del pueblo.
Parte de esa lucha es comprender el pasado, hacer un justo balance de lo ocurrido (que ayude al Pueblo que incluye a los civiles patriotas, a los militares patriotas y a los eclesiásticos patriotas), para sacar conclusiones útiles para el destino de Argentina Independiente de toda dominación extranjera.
Hay sucesos de nuestro pasado inmediato que exigen balances. Hay heridas abiertas del pueblo argentino que exigen respuestas, explicaciones sobre sus causas, ubicación de los verdaderos culpables y reivindicación de los verdaderos patriotas.
Desde ya es bueno recordar que no todo empieza en 1976 como se pretende hacer creer.
Hay una historia de los patriotas y del pueblo tantas veces burlado, humillado, reprimido, que se nos oculta, se nos deforma, para que no podamos abrevar en sus más brillantes páginas que nos marcan un camino de independencia. El olvido del rechazo de las invasiones inglesas, antecedente indispensable del 25 de mayo de 1810, en tanto permitió constituir, en un proceso, las fuerzas armadas patriotas, la guerra de la independencia que culminaría en los campos de Ayacucho y Tumusla, y que es inseparable de la guerra campesina de los gauchos de Güemes, la Guerra de la Republiquetas del Alto Perú y la genial estrategia del General Arenales, el General de los Pueblos, y la empecinada lucha del General Artigas, líder agrario y padre del federalismo, y de su segundo jefe, el Comandante guaraní Andresito, en la Banda Oriental. El asesinato de Mariano Moreno, la muerte en el ostracismo de San Martín y Artigas y en la pobreza y el olvido de Belgrano. El fusilamiento de Dorrego, sus causas, sus consecuencias. La campaña del desierto, el genocidio de los pueblos originarios y la extensión del latifundio que traba el desarrollo nacional. El derrocamiento de Irigoyen, Illia y Perón. El golpe del 30 con el encarcelamiento de los Generales Mosconi y Baldrich y la posterior década infame. El golpe de 1955, el movimiento legalista del 9 de junio de 1956 y los fusilamientos de civiles y militares que querían restituir al gobierno constitucional del General Perón en junio de 1956 y la persecución de otros como el Teniente Coronel Phillipeaux. El golpe de 1966 y los sucesos posteriores.
Se nos ocultan las resistencias patrióticas y populares a la sumisión nacional y, sobre todo, las consecuencias de aumento de la dependencia nacional a causa todos los golpes de estado.
Los responsables de ello fueron y son los imperios de turno y sus socios nativos (pero no nacionales) de empresariado de intermediación –que, a diferencia del empresariado nacional, tiene sus intereses en el extranjero como el cristinista Franco Macri, el anticristinista Techint y el nuevo grupo K que, según algunos, llega ya al 7% del PBI —y esa oligarquía terrateniente (que tuvo “relaciones carnales” con todos los imperios de la tierra: Inglaterra, Francia, EE.UU., Rusia y hoy China, etc.).
Es necesario conocer muchos hechos que permitirían ubicar las causas de esta política argentina llena de acuerdos y zancadillas, de fidelidades y traiciones, de esa complicada mezcla de minué y malambo a la que asistimos diariamente. Y de dobles discursos, compra de voluntades y volteretas argumentales...
Y sobre todo de la entrega y la sumisión e indefensión nacional.
En fin, y fundamentalmente, hay una historia, que se escamotea, de las constantes y persistentes luchas del pueblo argentino por su emancipación como Nación, su independencia como Patria y su liberación social, desde las puebladas de 1806 y 1807 al Argentinazo que terminó con el gobierno gerencial de De la Rúa – Cavallo y desde el Grito de Alcorta de 1912 a la Rebelión Agraria de 2008.
Todos esos hechos, ocultados o tergiversados, permiten advertir que en nuestra historia hubo patriotas y traidores, víctimas y victimarios.
Los primeros, civiles y militares de distintas creencias e ideologías, deben ser reivindicados. Mientras que los segundos, sean de la profesión o de la fe que fueran, deben se repudiados.
Sobre extraños ocultamientos
¿Qué conclusiones se nos presentan cada día sobre el golpe del 24 de marzo de 1976?:
Sectores socialdemócratas (de esa socialdemocracia que viene de ser partícipe necesario de la entrega liberal) nos hablan de un grupo de militares asesinos que dio el golpe. Pero no nos hablan de la participación protagónica en él de civiles como Martínez de Hoz y otros diseñadores de la política económica de entrega que fue lo fundamental del Proceso. Todo queda reducido a “los milicos del proceso” hecho que oculta lo fundamental: que los funcionarios militares y civiles eran gerentes de intereses imperiales y sus socios nativos. De todos los imperios: los EE.UU y también de los rusos, de los cuales el proceso fue abastecedor durante la ocupación soviética de Afganistán (tan censurable como la norteamericana e inglesa de hoy)
Aparentemente de “izquierda”, esta posición oculta a los verdaderos responsables. ¿O alguien imagina que ese golpe se hubiera podido dar sin el visto bueno de las potencias de la época? De todas las potencias de la época: EE.UU., URSS, Gran Bretaña, Francia, Italia, etc. Pero sobre todo de EE.UU. y la URSS, interesados en pasar a la disputa abierta por nuestro país. Disputa, dicho sea de paso, que se expresó en el seno del “Proceso” dictatorial.
Esta posición, en realidad, protege la responsabilidad imperialista y de la oligarquía argentina (siempre servil a aquellos y contraria al interés nacional) en los hechos.
Ayer negociaron con EE.UU., Inglaterra o la ex URSS y hoy lo hacen también con los chinos.
Otros hablan de “dos demonios”: un terrorismo alocado y un terrorismo de Estado. Todo limitado a las fronteras del país. Desde aquí hay quien apoyó el golpe como necesario para terminar con el llamado “terrorismo apátrida” que haría peligrar la independencia nacional, lo que no explica la represión, la cárcel de tantos patriotas como el ya mencionado Julio C. González, la propia Presidente y una enormidad de dirigentes y luchadores sindicales y sociales y la desaparición y asesinato de tantos otros. Esto se intenta explicar como “excesos” o resultados de la “guerra sucia”. Pero aquí tampoco aparecen las potencias imperiales de la época.
Casualmente el Gobierno de la Sra. Cristina  Kirchner, aparentemente desde las antípodas ideológicas, ha sido promotor de la ley antiterrorista redactada según el deseo de los imperios del mundo actual y ha quedado vinculado a la Operación X destinada a investigar a dirigentes sindicales, sociales e incluso a miembros de la Iglesia, como el Padre Pepe.
En la argumentación antedicha el terrorismo es presentado como un hecho desvinculado de relaciones políticas y sociales internas e internacionales. Será “terrorismo subversivo”, “apátrida”, “nihilista”, etc. Todos epítetos que, en 1976 y años posteriores, excluyeron cuidadosamente nombrar a las dos superpotencias que disputaban el mundo en los años del golpe de Estado: la URSS y EE.UU. y lo mismo, hoy, con las potencias actuales.
Claro, eso permitió a los turnos de Videla, Viola, Bignone hacer jugosos negocios con la URSS como la venta de cereales que rompió el bloqueo iniciado por EE.UU. en respuesta a su invasión a Afganistán en 1979. Otros sectores del proceso hicieron lo propio por su afinidad con los rivales de la URSS: EE.UU., Gran Bretaña, etc. Pero los grandes jefes, los que manejaban la trama, no aparecieron nunca.
Es que al enemigo terrorista definido por Bush, o por Putin, o por europeos o chinos, se lo puede colocar donde las potencias quieren intervenir en su objetivo de rapiña. Es el eje del mal. Sin responsables internacionales o nacionales concretos.
¿No nos están ocultando algo muy grande? ¿No será como el iceberg, que deja tres octavos de su volumen afuera del agua y oculta los cinco octavos restantes?
Llama la atención que tanto aquellos que vociferaban contra “el peligro del trapo rojo” así como aquellos que circunscribían las responsabilidades a “todos los milicos”, nunca hablan del papel imperialista de la ex URSS y su penetración política y económica en el país. Imperialista como los otros imperios a quienes también se oculta. Recuerda a quienes reprimieron la Patagonia sublevada en 1921: reprimieron a obreros que luchaban por sus justos derechos, con la excusa de defender a la patria en peligro, acusándolos de maximalistas y agentes chilenos y se favoreció a terratenientes e intereses ingleses, que aún hoy persisten. Es bueno preguntarse de que lado estuvieron esos intereses en épocas de la justa guerra de 1982.
Otros dicen que ganaron la guerra contra la subversión pero perdieron la guerra política. Pero lo esencial del Proceso ¿era una política nacional independiente o era la política de Martínez de Hoz y sucesores?
¿Puede defenderse la independencia nacional con Martínez de Hoz, Aleman, Cavallo y muchos que después se reciclaron en la etapa “democrática”?.
¿Y si no hubiera sido así? ¿Y si ese golpe hubiera venido a imponer una política de entrega que se continúa hasta nuestros días?
Para “voltear las chimeneas” como dijo, con justeza, la Sra. de Perón en su oportunidad.
La trampa del Proceso
En realidad, en marzo de 1976, con la excusa de la lucha contra el terrorismo, se derrocó al gobierno constitucional de la Sra. de Perón y se reprimió al pueblo para que no hubiera posteriores resistencias al Plan Martínez de Hoz, política esencial del “Proceso”. Se arrastró a las corrientes nacionales de las Fuerzas Armadas detrás del “Proceso” para aislarlas del pueblo e impedir una unidad explosiva.
¿Qué hubiera pasado si las corrientes militares nacionales unidas al pueblo imponían la defensa del gobierno constitucional? Se hubiera abierto el camino de una Argentina Independiente, ante la disputa de las potencias de la época: la URSS socialista de palabra y EE.UU. democrático de palabra, pero ambas imperialistas en los hechos.
Hubo una posición patriótica y popular en marzo de 1976: defender al gobierno Constitucional (siendo o no peronistas y a pesar de sus insuficiencias, deficiencias y errores) contra los planes golpistas que impulsaban la URSS y EE.UU. con las coincidencias de las otras potencias.
Esa fue la posición por la que muchos patriotas, peronistas y no peronistas, pagamos con largos años de cárcel y otros hasta con la vida.
Por eso un debate vigente aún hoy es si en 1976 las fuerzas principales de la dependencia y el atraso estaban en el seno del Gobierno de la Sra. de Perón o en el seno de los golpistas.
Y otro debate importante entre los sectores patrióticos es aún hoy el siguiente: En los años ´70 y ´80 ¿había una superpotencia imperialista “democrática”, frente a una superpotencia “socialista” que constituía un “imperialismo ideológico”, como se decía y se dice aún hoy?. En realidad, esa era la falsa apariencia, la autopropaganda de esas dos superpotencias, con la que cada una de ellas trataba de encubrir sus intereses. En esas décadas, en consecuencia, había un mundo bipolar, con dos superpotencias imperialistas en lo político, lo económico, lo militar y lo cultural: EE.UU. disfrazada de defensora de la democracia, y la URSS camuflada de socialista y defensora de los pueblos. Buscando espacios regionales, y oscilando hacia uno u otro lado de ese mundo bipolar, se ubicaban las potencias de segundo orden.
Aceptar cualquiera de las dos máscaras propagandísticas de la “guerra fría” que abarcó la mayor parte de la segunda mitad del siglo pasado llevaba a la subordinación de las fuerzas patrióticas, democráticas y populares, en función de los intereses de una u otra superpotencia. En efecto, un sector temeroso de la URSS como “imperialismo ideológico” pero sin ver su penetración económica en la región (a la que en ciertos casos jamás denuncia), le “creía” a EE.UU. su disfraz democrático. Otro sector, hacía lo contrario: conciente de la penetración económica de EE.UU., le “creía” a la URSS su disfraz de socialista y protectora de los pueblos. Ambas definiciones llevaban a un camino de derrota: subordinarse a un imperio para combatir al otro. Ambos, de hecho, facilitaron la estrategia de dominación de los imperios.
Así, como es propio de un país dependiente, la disputa por nuestra dominación, en ese mundo bipolar se reflejó en distintas fracciones en el seno y afuera del “Proceso”.
Desde la muerte del General Perón, en junio de 1974, todas las potencias con intereses en la Argentina, trabajaron para el golpe de Estado, y todas ellas acordaron la decisión del 24 de marzo de 1976, como fue hecho público en documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, o como fue visible en las posiciones diplomáticas de la URSS de apoyo al “Proceso”, así como en las relaciones políticas y económicas de Inglaterra, Francia, Alemania, etc. Las viejas y nuevas oligarquías (la agraria, la financiera y la industrial) entrelazadas y subordinadas en la Argentina moderna a una u otra potencia, sólo habían aceptado el regreso de Perón como un factor de atenuación del conflicto social que estallaba en las puebladas, pero no estaban dispuestas a tolerar las medidas nacionalistas que lograba imponer un sector de ese gobierno.
Así, el grupo militar y civil que se impuso el 24 de marzo de 1976, fue heterogéneo, prácticamente todos los núcleos de poder estuvieron adentro. El sector de los generales Videla y Viola que de inicio lo hegemonizó, estrechó relaciones económicas con la ex URSS, e hizo avanzar a capitales vinculados a esa potencia en el dominio de palancas claves de la economía como el aluminio (Aluar), el acero (Acindar y acuerdos con el grupo italiano Techint), el petróleo (Bridas), medios de comunicación (Clarín), etc. Esta es la verdadera razón por la que el Proceso fue defendido por Moscú y sus aliados en los foros internacionales ante las críticas por violación de derechos humanos. La línea estratégica de este sector fue la confrontación con Chile, que bordearía la guerra en el contexto del Mundial ’78, lo que era coherente con el alineamiento de la dictadura de Pinochet con Inglaterra y Estados Unidos (como se ha sabido después, Pinochet hizo parte de su fortuna como comisionista de armas inglesas). Esto también era expresión de la disputa entre las dos superpotencias de la época (la URSS y EE.UU.) por el control de la confluencia del Pacífico y el Atlántico Sur. (1)
Lo que creaba cierta confusión, en relación al grupo de Videla y Viola, era su “doble discurso”, que tenía que ver con dos cuestiones:
1) Que la URSS consideraba que estaba actuando adentro del “patio trasero” norteamericano, por lo que sus acciones se ubicaban, como definió con precisión uno de los publicistas claves de ese grupo, el Dr. Mariano Grondona, en La Nación: “En Occidente, por ahora…”.
2) Fracasado el golpe institucional que este sector intentó (desplazamiento de la Sra. María Estela Martínez de Perón por el Dr. Ítalo Luder), debió dirimir posiciones con otros sectores influenciados por la “línea dura” que alentaban en esos años EE.UU. e Inglaterra; no había espacio para una “dictablanda”. Que los sectores “amigos” de la URSS no tenían dificultades para hacer lo que hicieron —junto a los “socios” vinculados a otros centros de poder mundial— lo demuestra el genocidio que unos años más tarde hacía Moscú en Afganistán o la dictadura instaurada por los soviéticos en Polonia, con el General Jaruselski, a quien ellos mismos llamaban el Videla polaco. Por otra parte, los jerarcas del Kremlin consideraban a sus inversiones y a sus “amigos” del Proceso como el “ejército principal” en función del cual debía actuar “su ejército secundario”, como cínicamente confesó Mario Firmenich, marcando las distancias entre aquellos dirigentes de las llamadas “formaciones especiales” que trabajaron para desestabilizar al gobierno constitucional, y los ideales de la juventud y el pueblo que aspiraba y luchaba por una patria digna e independiente. Los hechos oscuros en discusión hasta nuestros días que rodean a la muerte del Gral. Aramburu (que denunció el Capitán Molinari y que hoy analizan otros investigadores) y del Gral. Sánchez, son parte de esto; debiéndose recordar que, según distintos analistas, el beneficiario político de aquella muerte fue el General Lanusse. (2) (3)
El oscuro pasado y presente de algunos miembros del actual gobierno y algún periodista-ministro sin cartera y asesor de la Ministra Garré, en la actualidad sospechado de escribir los discursos del Brigadier Agosti, son prueba de ello.
De ahí que no hubo diferencias entre los grupos de la dictadura a la hora de desencadenar el genocidio que buscó aniquilar a las organizaciones sociales y a las fuerzas patrióticas y populares, y a una generación de jóvenes (que incluía a militares patriotas) que había madurado en décadas de protesta y rebeldía.
Pruebas al canto: Martínez de Hoz para la misma época  (diario La Prensa del 12-11-78) dijo que lo fundamental era el redimensionamiento del Estado y que se liquidarían o privatizarían 39 empresas nacionales y 40 provinciales. “Por ahora avanzamos lentamente, como si fuéramos cuesta arriba; luego en el llano, iremos más rápidamente. Y finalmente, puede ocurrir que vayamos barranca abajo, y a toda velocidad”. Una verdadera premonición de lo que continuarían haciendo los gobiernos gerenciales hasta la actualidad.
El Proceso no era el gobierno de la independencia nacional. Era el gobierno cuya política esencial era la de Martínez de Hoz. (4)
En su seno estuvo, en épocas de la guerra de Malvinas, el Dr. Aleman que nunca reconoció que estuvimos en guerra con Gran Bretaña y que siguió pagando la deuda externa a los ingleses mientras nuestros soldados morían en el campo de batalla. También Cavallo y Machinea, entre otros. No podían ser defensores de la bandera nacional este puñado de partidarios de una política entreguista.
Por ejemplo, en momentos en que los atlantistas norteamericanos buscaban un cambio político en Buenos Aires para que un nuevo gobierno se retirara de Malvinas, el sector de Videla y Viola fue derrotista respecto a la recuperación de las Malvinas. Publicaba el diario La Prensa el 12 de mayo de 1982: “Según fuentes gubernamentales locales las numerosas reuniones del embajador [de EE.UU.] Shlaudemann con miembros de la Multipartidaria, peronistas de la llamada segunda generación y gremialistas de distintos colores, apuntan a esa dirección. También las que últimamente habría mantenido con el señor Camilión y otros personajes pertenecientes al denominado grupo Viola-Liendo-Fraga y otros ligados al Proceso, y a militares que en su momento no habrían sido consultados sobre la conveniencia de la recuperación militar de Malvinas”. Y sigue el artículo: “Curiosamente estos sectores [se refiere a los violovidelistas, HM] que nunca se caracterizaron por su entusiasmo pronorteamericano, y tampoco fueron vistos en los Estados Unidos como sus mejores aliados en la Argentina, se están convirtiendo hoy en los campeones de un rápido regreso a las tesis norteamericanas, incluidas las relativas a las Malvinas, y hasta hablan de la posibilidad de un plan Marshall para la Argentina si Buenos Aires acepta retirarse del archipiélago de acuerdo con el proyecto del Sr. Haig”.
Cabe decir que la justa recuperación de nuestros territorios en 1982, con el profundo remezón patriótico que se había producido en el pueblo argentino y en los de los demás países de Latinoamérica y el Tercer Mundo, estimuló el patriotismo en las fuerzas militares involucradas en Malvinas y abrió un curso a los sectores militares de posiciones patrióticas para romper la encerrona a la que había sido conducida esa corriente en marzo de 1976, lo que originó más tarde una crisis en las FF.AA. La posterior represión, persecución y encarcelamiento de los sectores malvineros por los mismos generales procesistas y sus continuadores (como el General Balza que pudo coexistir sin problemas con Menem y con los Kirchner) demuestra que los gerentes (civiles y militares) de todas las potencias que se disputan el mundo tienen claro quienes son los enemigos. Los patriotas (civiles y militares) también debemos tenerlos claro.
El apoyo soviético a Videla- Viola y las relaciones con la URSS
El señor Claudio Escribano, días después del golpe, en su columna política de La Nación había subrayado que los comentarios de la prensa internacional reflejaban un hecho inédito: el golpe era apoyado tanto desde la “prensa seria” de EE.UU. como por órganos oficiales de países del bloque dominado por Moscú. (5)
En noviembre de 1976 se realizó en Buenos Aires una gran exposición soviética (la más grande de las 30 muestras realizadas por la URSS en el exterior en esos años). Una delegación de 65 funcionarios presidida por un viceministro soviético se reunió con autoridades del Proceso para ratificar, cumplimentar y ampliar los convenios firmados por Gelbard con Moscú en 1974 y que no habían sido ratificados por el gobierno de la Señora de Perón. Mucho se ha escrito ya de los vínculos de Gelbard con los soviéticos. Referido al particular papel de Gelbard, Isidoro Gilbert, corresponsal en la Argentina de la Agencia soviética TASS dice en su libro El oro de Moscú, referido a los acuerdos que tejió con Brezhnev: “Todos los hechos confirman que Moscú escuchó (...) la opinión de un hombre que les inspiraba confianza: Gelbard afiliado secreto al Partido “Comunista” de la Argentina. El ministro era para ellos una garantía.” (6)
En realidad, él y otra gente hacía tiempo que habían “pasado” de la órbita del PC a la de testaferros del Capitalismo de Estado ruso. En una noche Videla firmó un decreto por el que concedió 5.000 millones de dólares al Banco de Los Andes de la conocida entonces como “multinacional rusa”. (5)
Radio Moscú, mientras destinaba parte de sus emisiones a denunciar los crímenes de Pinochet y otros regímenes dictatoriales pro-yanquis elogiaba o era complaciente con la dictadura de Videla y Viola. Esa actitud soviética fue una constante entre marzo de 1976 y diciembre de 1981.
En todos los foros internacionales la URSS y sus satélites apoyaron a la Dictadura en la cuestión de la violación de los derechos humanos, impidiendo su condena. De hecho mientras EE.UU. cuestionaba a Argentina durante el período Carter, la URSS la defendía, demostrando que el sector de Videla-Viola era próximo a este último país.
Pero detrás de esos apoyos hubo una creciente relación económica con la URSS. En efecto, una de las consecuencias esenciales de la apertura económica de Videla-Viola y su ministro Martínez de Hoz fue la concentración de nuestras exportaciones en un solo mercado, el de la URSS, en una magnitud que sólo es comparable con la que ostentó el imperio británico. En este punto, y en referencia a como la oligarquía terrateniente argentina se asocia y subordina con cada imperio de turno que le garantice la compra de la producción agropecuaria, conviene advertir la relación que se está tejiendo con China, socialista de palabra e imperialista en los hechos, en virtud de la venta de soja y los acuerdos firmados con ella, que hacen recordar y preanunciar un Pacto Roca Runciman.
Por esos años la URSS, para seguir comprando cereales, exigía incrementar las exportaciones industriales a nuestro país (como lo han hecho y hacen todos los imperios incluida China en el presente). Impuso la venta de trolebuses, construcción de usinas como la de Bahía Blanca y diversas maquinarias que la semidestruida industria argentina (por el plan Martínez de Hoz) podría haber fabricado.
Según un comentario de la Agencia oficial soviética TASS publicado en La Nación el 7 de junio de 1981 “Argentina es hoy el interlocutor más importante de la URSS en América Latina”. El viceministro soviético de Comercio Exterior A. Manzhullo dijo (según fue publicado por Clarín el 8 de abril de 1980) que “Argentina es el principal país, fuera del área socialista, en sus relaciones con la Unión Soviética, dado el monto alcanzado por el comercio bilateral”.
El 10 de junio de 1980 se firmó un acuerdo sobre cereales por el cual el Estado argentino garantizaba a la URSS, hasta 1985, la venta de un volumen mínimo de 4,5 millones de toneladas de maíz y sorgo y 500.000 toneladas de soja. Sobre esa base nuestro país envió a Rusia entre 1980 y 1982, hasta dos tercios de las exportaciones de granos. (5)
Así se tejió antes nuestra relación de dependencia con Gran Bretaña y EE.UU., en ese tiempo con la URSS y hoy, también con China. Antes y ahora esos convenios tuvieron con cada imperialismo de turno contrapartes igualmente lesivas para la Argentina en cuanto a penetración económica interna y destrucción de la industria nacional.
El caso Graiver, que estalló en pleno Proceso, desnudó, a través de un hecho policial, la intimidad del bloque hegemónico en la dictadura. Es decir esa alianza tenebrosa que hoy todavía se oculta al pueblo, que unió a Graiver con Gelbard y Lanusse, a Graiver y Gelbard con Firmenich; a Graiver, Gelbard y Firmenich con Videla y que se expresó desde hechos como el “Operativo Dorrego” hasta inversiones conjuntas como Papel Prensa. Inclusive se dio la paradoja de que el crédito del Estado otorgado por la dictadura para cubrir la inversión de Papel Prensa representaba la suma que ese grupo volcaba en los bolsillos de los montoneros, a través de Mario Montoto, el entonces tesorero de la organización, hoy representante de empresas rusas de armas e íntimo amigo de los gobiernos del turno Kirchner. (7)(8)(9).
En el plano militar, en 1979, llegó una misión militar rusa. El teniente General Viola condecoró al Jefe de la misión militar rusa Teniente General Brailko con la medalla de oro del Estado Mayor del Ejército Argentino y a sus acompañantes con la medalla de plata.
¿Se entiende porque la dictadura nunca hablaba de la URSS (tampoco muchos de sus defensores actuales) y sólo del terrorismo “nihilista”, “subversivo”, mientras con esa excusa imponía el terror para impedir toda protesta contra su plan esencial que era el Plan de Martínez de Hoz?.
Las dos verdaderas causas del golpe de 1976
Durante la dictadura y en estos treinta años, a través de los medios de difusión, hay fuerzas políticas que cuando hablan de las causas del golpe de estado dicen que fue porque Perón, en esa tercera presidencia, estaba viejo, enfermo y reblandecido. Y que estaba manejado por un “brujo” que era López Rega y una loca que era la Sra. de Perón. Es decir que ellos dan como motivo del golpe de Estado, que Perón, López Rega e Isabel generaron un gran caos y no hubo otra salida que el Golpe de Estado.
Sin embargo, como se dijo más arriba, el primer objetivo del golpe fue instaurar, con la excusa de la lucha contra el terrorismo, la más sangrienta represión para ahogar en sangre el tumultuoso proceso popular y patriótico que, con puebladas y grandes huelgas, amenazaba los cimientos del sistema de dependencia y sumisión nacional a todos los imperios. Movimiento patriótico y popular que logró, en esos años, conquistas sociales muy importantes como la de frenar la política de entrega y también logró conquistas políticas como fue, para un amplio sector, el retorno del Gral. Perón y su elección como presidente de la Nación por tercera vez.
La represión golpista, que sangró toda oposición patriótica, fue la base que permitió los gobiernos gerenciales y entreguistas posteriores hasta nuestros días.
Para que hubiera un Menem hizo falta esa represión. Hizo falta un Menem para que se firmaran los Tratados de Londres y Madrid, que mantuvieron vigentes los distintos gobiernos del turno Kirchner y que son la base de nuestra indefensión nacional, de nuestra total destrucción de la capacidad de Defensa Nacional.
El primer objetivo del Golpe, entonces, fue ahogar en sangre a las fuerzas populares y patrióticas. Cabe decir que en esas luchas populares habían dos grandes aspectos en debate. ¿El blanco principal a golpear era Isabel Perón o los golpistas? y ¿sólo existía el imperialismo norteamericano y la URSS era la amiga de los pueblos, o la URSS era socialista de palabra e imperialista en los hechos y sus personeros eran los más activos golpistas? (10)
Lo anterior se expresaba en dos líneas:

1. La que apoyándose en el pueblo pensaba que se debía rescatar la consigna de los patriotas de mayo “ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo” y que por lo tanto entendía que la nueva dependencia con la URSS no favorecería los intereses del Pueblo y de la Patria. Como muestra de ella el dirigente sindical mecánico cordobés Renée Salamanca, aún detenido - desaparecido, decía en una carta pública por esos años: “Yo estoy contra el golpe venga de donde venga” y agregaba: ”El golpismo más activo y  peligroso es el de los amigos de la otra superpotencia imperialista. Los amigos de la URSS: Lanusse, que reprimió en Trelew, Carcagno que reprimió el Cordobazo, Gelbard, el del Pacto Social, gorilas y oligarcas que ven en la URSS su socio”. Salamanca insistía en “no tener ninguna ilusión en los golpistas, porque será un golpe contra los obreros y el pueblo y van a reprimir salvajemente, abrirán un oscuro período histórico como el que vivimos los obreros desde 1955”.
2. Otra línea, distinta a la anterior, fue la que tomó como forma principal el terrorismo urbano y consideraba a la URSS como un país socialista que ayudaba a los pueblos. Algunas organizaciones con estas posiciones equivocadas y a causa de ellas, cometieron graves errores políticos y estratégicos, y ubicaron como blanco principal de los cambios revolucionarios en Argentina al empresariado nacional que se expresaba en el gobierno de Perón primero y en el de su esposa después. Calificaron al gobierno peronista como “proyanqui” y presentaban a los sectores de testaferros e intermediarios del imperialismo soviético (como Gelbard) como empresarios nacionales. (7)

La línea política errónea mencionada en el punto 2 llevó a golpear centralmente primero a Perón y luego Isabel Perón, con lo que favoreció a los que preparaban el Golpe de Estado. El asesinato de José Ignacio Rucci fue parte de eso.
Algunos de sus dirigentes trabajaban abiertamente para ese objetivo, como se vio en el “Operativo Dorrego”, ocultando esos objetivos a miles de jóvenes que querían cambios revolucionarios que aseguraran una Argentina Independiente y popular. El sector golpista prosoviético operaba dentro de las FF.AA. a través del violovidelismo y como “quinta columna” en las organizaciones populares. Una vez más sectores proimperialistas y proterratenientes pudieron instrumentar a una parte del pueblo para hacer pasar sus planes golpistas.
Los prosoviéticos usaron sus posiciones para el asalto a cuarteles, las ejecuciones de dirigentes sindicales, el asesinato de militares, incluso de tenientes, suboficiales y soldados. Era una presión para que el Ejército saliera a la calle. Una pinza que hicieron esos sectores imperialistas al gobierno constitucional para obligarlo a claudicar.
En esa pinza reside uno de los secretos de lo que pasó en la Argentina de 1974 a 1976.
De esta manera se logró también arrojar a sectores patrióticos de las fuerzas armadas a los brazos de los golpistas. ¿De que otra manera un oscuro General como Videla hubiera podido liderar el golpe?.
Es decir, lo que siempre se dice respecto a los golpes del ‘30 y el ‘55 acerca de que las manos imperialistas manipulaban a la izquierda y la derecha, en el golpe del ‘76 fue algo claramente articulado no tanto por EE.UU. como se dice, sino principalmente por la mano que hegemonizaba los preparativos golpistas: el socialimperialismo soviético.
Frente al accionar descripto más arriba, un sector del peronismo impulsó la línea de enfrentar “aparato contra aparato” (en lugar de movilizar ampliamente al pueblo contra el golpe en ciernes) y se creó en vida de Perón la “Triple A” para la represión parapolicial “antisubversiva”,
Esto favoreció la aparición luego de otras organizaciones “anticomunistas” dirigidas por fuerzas golpistas proyanquis y prorrusas, algunas también bautizadas como Triple A. Se desató así, aprovechando la situación, una ola de asesinatos a dirigentes obreros y populares y de dirigentes peronistas y no peronistas muchos de ellos reconocidos por su defensa del Gobierno Constitucional y con una clara posición antigolpista. (11)
El segundo objetivo del golpe de 1976, en el que coincidían EE.UU., la URSS y otros imperios, era desplazar al Gobierno de la Sra. de Perón. No por sus debilidades e ineficiencia sino por sus posiciones que, aunque tibias e insuficientes, eran de corte nacional.
Los golpistas necesitaban remover a ese gobierno que era opuesto a sus planes, aunque lo hiciera de manera débil y vacilante porque tenía en su seno algunos integrantes de sectores antipopulares. Entre las medidas que irritaban a los golpistas se encontraban la anulación de los contratos de Aluar (el negociado del monopolio del aluminio realizado por Gelbard-Lanusse) y la negativa a comprar la Ítalo. Este último era un negocio armado por el Ministro de Economía Gelbard con los empresarios Soldati y Graiver, que luego se concretaría durante la dictadura. También el Gobierno de Isabel argentinizó la Siemens y la ITT creando las condiciones para una política nacional de comunicaciones. Nacionalizó las bocas de expendio de Shell y Esso, mantuvo el control estatal de Frigorífico Swift, que era la principal empresa de la carne en Argentina y desarrolló una política nacional en los ferrocarriles y el petróleo. Concedió la Ley de Contratos de Trabajo, con al jornada de 8 horas para los trabajadores rurales y el personal doméstico, y firmó el decreto que permitió la reconquista de las 6 horas por trabajo insalubre para los trabajadores de la destilería YPF en Ensenada. También aprobó la Ley de Jardines Maternales y no firmó préstamos con el Fondo Monetario Internacional. (10)
El papel de la corriente nacional de las Fuerzas Amadas
Un balance verdadero del golpe de Estado de 1976 es necesario para el pueblo en general pero en particular para la corriente nacional y patriótica de las FF.AA. Porque muchos integrantes de la misma fueron arrastrados al golpe de 1976, de la misma manera que ocurrió en 1930, en 1955 y en 1966. Creyeron que defendían el orden frente a la  anarquía. Pero el orden era el orden de los imperios (paradójicamente muchos creyeron que luchaban contra la URSS y en realidad los principales jefes que los comandaban estaban al servicio de ella), el orden de la entrega y la sumisión nacional que se continúa hasta hoy.
Interesa el balance que haga ese sector militar porque a lo largo de la historia argentina la corriente nacional de las Fuerzas Armadas ha cumplido un importante papel. Desde los albores de nuestra patria ha sido así: en los momentos en que se vislumbró más cercana la perspectiva de ser una Nación verdaderamente soberana estuvo presente la triple confluencia del pueblo luchando, aun con las armas, por sus derechos conculcados, las fuerzas políticas de diverso origen ideológico unidas por una voluntad patriótica, popular y democrática y los militares patriotas que también confluyeron.
Es preciso repetirlo una y otra vez: para hacer posible lo nacional debe unirse a lo popular y lo democrático. Y lo popular y lo democrático no puede realizarse sin la independencia nacional. Ha sido un drama, muchas veces provocado, la separación entre estas grandes cuestiones. En lo más profundo de nuestra historia se entrelazan estas banderas. Juntas mostraron la salida en encrucijadas claves escribiendo las mejores páginas de nuestra vida como Nación. (12)
Es hora, entonces, de confluencias patrióticas y populares. De levantarnos y echarnos a andar como Nación. Tarde o temprano, esa unidad patriótica y popular, impondrá una Argentina independiente como país, emancipada como Nación, con una democracia grande y verdadera donde se satisfagan los deseos del pueblo.
Acá no hubo una guerra
Se esgrime que en el 76 hubo una guerra, como la de España del 36-39, con un millón de muertos; pero acá no hubo nada de eso. Acciones como la de Monte Chingolo, que desembocó en una masacre, fueron “cantadas” para levantar el “prestigio” de Videla que había quedado debilitado por el intento de golpe del Brigadier Capellini. El drama fue que algunos de los “cerebros” de esa operación eran una “quinta columna” que respondía al mismo centro de dirección que lo proyectaba a Videla. Aquí no hubo guerra civil, hubo una dictadura que implantó el Plan Martínez de Hoz que todavía sufrimos, que arrasó con las conquistas del movimiento obrero y popular, y que para hacerlo secuestró, torturó, asesinó a miles y miles de argentinos.
 Además, previamente, el grupo militar de Videla y Viola (parte de las “tres V” junto con el General Villareal que, notoriamente, el propio Partido “Comunista” levantaba como grupo “democrático” del Proceso) fue el responsable del desplazamiento del General Numa Laplane de la conducción del Ejército, integrante de la corriente nacional, que con su línea del Profesionalismo integrado era un obstáculo para el Golpe del 76.
¡Vaya si tenían claro al enemigo!
La desobediencia debida
Ningún militar patriota, por principio, debe aceptar el principio de la obediencia debida. Si un presidente, comandante de las fuerzas armadas, ordena la perdida de un territorio que nos pertenece, ¿se podrá argumentar que un militar le debe obediencia en ese acto que sería traición a la Patria?.
El General Manuel Belgrano, abogado, economista avanzado para su época, militar por exigencias de la revolución y creador de la bandera, fue sobre todo un gran desobediente a las órdenes que afectaban la causa de la Independencia. En efecto cuando el grupo de terratenientes y comerciantes del puerto le ordenó retroceder desde el norte, sacrificando la mitad del territorio a su propia seguridad, para seguir en sus negocios, Belgrano desobedeció cuatro veces, colocándose en la insubordinación, y no retrocedió avanzando hacia la victoria de Tucumán.
También San Martín fue un desobediente, negándose a participar en las guerras civiles entre hermanos y continuando con su plan liberador.
En suma, las fuerzas patrióticas deben evitar que los engaños de los gobiernos gerenciales de turno logren dividir el movimiento popular-democrático del movimiento patriótico-nacional, haciéndolos caer en las trampas preparadas para ambos.
El balance del 24 de marzo de 1976, el conocimiento total de los hechos, es imprescindible para no caer en esas trampas.
Es decir, hoy es muy importante desnudar lo que verdaderamente ocurrió en el Golpe de 1976, porque el gobierno, dando versiones parciales, busca utilizar la causa de los derechos humanos para cubrirse de un barniz democrático y avanzar, con su doble discurso, en sus planes reeleccionistas para continuar su política de entrega y sumisión nacional.
Los soldados, la suboficialidad y oficialidad patriótica y democrática son parte del pueblo. Ellos deben estar presentes el día de la cita para lograr la independencia inconclusa, la segunda y definitiva Independencia Nacional.
Para que sea cierto lo que dice el Himno Nacional:

San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán
La Colonia y las mismas murallas
Del Tirano en la Banda Oriental
Son letreros eternos  que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.

Los revolucionarios de la Guerra de la Emancipación nos dejaron como enseñanza que romper las cadenas de la opresión y desarrollar una conciencia patriótica y popular son las únicas bases en las que es posible asentar nuestra defensa como Nación.
La lucha del pueblo argentino por la segunda independencia nacional, con la participación en ella de los patriotas militares, edificará los cimientos de las Fuerzas Armadas del nuevo Estado nacional. El desarrollo económico y tecnológico independiente será la base para la producción para la defensa (Fabricaciones Militares, industria aérea, astilleros, etc.) y la organización de una Defensa Nacional Popular Integral.
Tratan de impedir el camino necesario
Están a la orden del día los operativos del gobierno y de grupos opositores a él, para impedir la formación de un frente de carácter patriótico, democrático y popular.
El Gobierno se muestra cada vez más incapaz de afrontar críticas que pongan de manifiesto su doble discurso, o que desnuden que, atrás de una supuesta línea nacional y popular, lo que hay en realidad es una línea de entrega, sumisión nacional e indefensión de la Patria frente a la rapiña de las distintas potencias.
Grupos opositores al gobierno pero tan antinacionales como él apuestan a que Scioli y/o Massa rompan con el gobierno; y a una nueva Alianza (como la de De la Rúa y Chacho Álvarez de nefasta historia), en la que la UCR arrastre a fuerzas socialdemócratas.
Sin embargo, es posible en Argentina, una confluencia como la que lograron Belgrano, Saavedra, Moreno, Castelli, Azcuénaga, Larrea, Matheu, Paso y Alberti. Esa gran "multisectorial" que agrupó a comerciantes e intelectuales revolucionarios, clérigos, militares y civiles. 
Es posible un Primer Gobierno Patrio que abra camino a la Gesta de la Segunda Independencia.
Para ello hace falta, primero, la convicción de que es necesario hacerlo, privilegiando los intereses de la Patria y el Pueblo a los personales.
Y, segundo, es preciso acordar un programa mínimo, público y con la obligación de hacerlo realidad, que contemple las necesidades acuciantes de la mayoría del pueblo argentino.
En suma, el camino de una Argentina Independiente de toda dominación extranjera y de una Soberanía Popular verdadera.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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2.       Pigna, F. Lo pasado pensado. El caso Aramburu. Págs. 167-181- Editorial Planeta. 2005.
3.       Alonso, J. ¿Quién mató a Aramburu?. Editorial Sudamericana. 2005.
4.       Foro Patriótico y Popular. Año 1. Nº 6. Octubre de 2005.
5.       Echagüe, C. El socialimperialismo ruso en la Argentina. Págs. 7-61 y 164-257. Editorial Ágora. 1984.
6.       Gilbert, I. El oro de Moscú. Pág. 13. Editorial Planeta. 1994.
7.       Brega, J.. ¿Ha muerto el comunismo?. Conversaciones con Otto Vargas. Págs. 249-296. Editorial Ágora. 2ª edición actualizada. 1994.
8.       Semanario Hoy, servir al pueblo. Nº 1095. 14/12/05.
9.       Capdevila, I. El caso Graiver. Editorial Ágora. 1984.
10.   Roldán, J. Así luchamos contra el golpe. Colección La década del setenta. Págs. 8-18. 2000.
11.   Gastiazoro, E. Historia Argentina. Introducción al análisis económico y social. Tomo IV. Págs. 203-299. Editorial Ágora. 2004.
12.   Micucci, H. La política es la guerra por otros medios. Cuadernos para el encuentro en una hueva huella argentina Nº 21. Págs. 70-81. 2005.